RITO
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Tradición, vigente a 50 años
domingo, 10 de junio de 2012
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Ana Laura Mondragón * CP. La tradición zoque de Copainalá, el "Weya-Weyá", que también marca el inicio de la celebración de carnaval en ese lugar, es uno de los ritos más arraigados de esa zona, ya que pobladores se han preocupado por transmitirlo generación tras generación.
Esta fiesta tiene más de cincuenta años y según cuentan los mayordomos, músicos y danzantes que intervienen en esta fiesta, guarda misticismo y religiosidad.
Esta ceremonia se basa en una leyenda muy conocida entre los copainaltecos, por lo que habitantes señalan que es necesario recordarla y seguir pasándola a los niños y jóvenes.
Con la danza de el "Weya-Weyá" la gente sabe que se inicia el carnaval, y marca la pauta para celebrar la llegada la cuaresma, además de que es el momento en que la gente recuerda a este personaje que vive en la mente de cada uno como el hombre fuerte de las montañas que al toparse con las personas los tomaba de la mano les transmite sus poderes y fortaleza.
La preparación para la ejecución de esta danza inician un día antes de que el "Weya-Weyá" salga a las calles con la adoración de la máscara, una velada con música tradicional y antojitos típicos, misma que culmina con la entrega de reliques que los tradicionalistas realizan y reparten entre los participantes.
A dicha fiesta la acompaña el Cupzi que es la bebida tradicional con aguardiente y miel, la cual se reparte entre la gente que ve la danza, quienes se encuentran en las calles, los músicos y los danzantes.
Esta tradición carnavalesca es posible año con año gracias a la mayordomía zoque de Copainalá, al Comité de Cultura Raíces de mi Pueblo, a la Casa de Cultura y a los músicos y danzantes que intervienen en su realización.
Los capainaltecos señalan que la concepción que los indígenas tenían de este personaje era que el Weya-Weyá era el hombre fuerte de las montañas que al toparse con las personas los tomaba de la mano transmitiéndole sus poderes y fortaleza, lo que hizo que por los años cincuenta o sesenta esta tradición fuera visto como algo místico y religioso que ellos, los zoques, guardaban con celo.
El Weya-Weyá era una persona con poderes sobrenaturales, y que después de estar muchos años en la montaña, tuvo un sueño en donde le decían que tenía que pregonar que Jesucristo sería maltratado y crucificado por el pueblo judío, cobró vida y fue recreada durante todo el día y a las calles este ser mitológico salió acompañado de su mujer, la "vieja lépera"; sus dos pequeñas hijas "las palomitas", y los novios de éstas "los solteros", bailando al ritmo de la flauta de carrizo y el tambor, ante la mirada de niños, jóvenes y adultos.
Durante los sones en los que se desarrolla la danza, el Weya-Weyá dialoga tanto con su esposa, quien lo interroga sobre qué hizo durante todo el tiempo que estuvo desaparecido, como con los enamorados de sus hijas, a quienes los pone a prueba para ver si son dignos de merecer a sus retoños, a quienes finalmente ofrece en casamiento.
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